El viento los zamarreaba. Estaban acostumbrados a las tormentas de arena. Las ramas de tipas y lapachos parecían latigazos del aire y los desconcertaba. La excitación los invadió. Esa tierra era una posibilidad de aventuras apasionantes para vivir las mil y sesenta noches. Además, siempre extraían alguna enseñanza. Primero, se preocuparon cuando les dijeron que el famoso rally se había hecho en ese vergel surrealista. Pensaron que se había convertido en un desierto africano por obra y gracia del destino o sus moradores. El rey Shahriyar y la doncella Scheherezade descendieron del camello Almanzor y buscaron refugio en una casa abandonada. En medio de carteles que invitaban a votar al casi eterno monarca, divisaron la silueta de un viejo. El rey encendió la antorcha y encegueció un instante al hombre.
"Dime, morador, ¿creéis que regresará pronto la luz?", inquirió la bella doncella. "No lo sé, señora, sólo Al Rachid podría contestarle", dijo. "¿Aún os gobierna ese sultán?", preguntó Shahriyar sorprendido. - Sí, él es casi dueño de esta comarca, sobre todo desde que decidió entrar en la historia sin que esta señora se diera cuenta... - ¿Y qué son esos... panfletos? Esos que dicen: "Visite la tierra del nunca jamás", lo interrumpió la muchacha. - Es difícil explicar, tiene que ver (se rascó la cabeza) con las promesas... - ¿La tierra prometida? - No, no exactamente, más bien con las expresiones de deseo... - ¿Con promesas incumplidas? - Sí, con sueños que tardan en concretarse, quedan en utopías o que sirven para embaucar a la gente que se olvida rápidamente...
La luz se hizo más intensa. Iluminó una leyenda en la remera del anciano: "Al Rachid Group" y en un rincón un cartel que rezaba: "Sin reglamentar". El rey escanció el vino en una copa. Le ofreció al morador y preguntó: "¿Qué significan las leyendas?" - A la primera la encontrarás en todas partes: vehículos, casas de juego, call centers, bancos de las plazas, edificios, en la ropa, verás a sus seguidores tatuados... La segunda tiene que ver con lo del "nunca jamás". - No entiendo. - Esta es una monarquía extraña. Alardea de que se ocupa de los sectores más desprotegidos o de la cultura, pero sus acciones muestran lo contrario. Hay leyes provinciales sancionadas referidas a la discapacidad, que no están en vigencia porque carecen de reglamentación... - ¿Cuáles? - La que promueve la creación del Consejo para la Integración de Personas con Capacidades Especiales, cuya misión debería ser velar por los derechos de los discapacitados, asesorar al Gobierno y proponer medidas para la elaboración de programas de ayuda para el sector; la que crea el Consejo Provincial de Discapacidad; aquellas sobre la protección del paciente epiléptico, al transporte libre y gratuito y a la eliminación de las barreras arquitectónicas. - ¿Y qué significa eso? - Que no entran en vigencia. Hay otras que sin estar reglamentadas se les da un uso discriminatorio que desvirtúan su sentido original... - ¿Y quién es el responsable de reglamentar las leyes?, dijo el rey, indignado. - Es el monarca y sus colaboradores ejecutivos... Disculpen, tengo que irme, me prometieron un bolsón. Gracias por el refresco... (les dio una estampita con la foto del sultán) ¡Que Al Rachid los bendiga, señores turistas!
La voz del viento se apagó. La doncella le alcanzó a su amado el narguile. El perfume del tabaco envolvió la noche. Scheherezade abrió la puerta de sus pensamientos: "No entiendo a esta gente. Por un lado, tiene la noble intención de ayudar a sus hermanos discapacitados, hace leyes para protegerlos, pero estas se convierten el letra muerta porque no las reglamentan..." El silencio se detuvo entre ellos. "Es como dar a luz a un niño y luego abandonarlo", dijo Shahriyar.